Aquí colgaremos cosas vistas en internet.
Presencia policial y planificación urbanística: las nuevas herramientas de control social al servicio del poder en Lavapiés
El pasado 18 de junio, Cristina Cifuentes, la Delegada de Gobierno en Madrid, anunció que “está
ultimando la puesta en marcha del Plan de Mejora de la Seguridad y la
Convivencia en Lavapiés, que no solamente va a englobar un incremento
de la actuación policial sino que busca la ‘reinserción’ del barrio
madrileño para que no se convierta en un ‘gueto’”[1].
El plan anunciado tiene dos partes: (1) Por un lado, incrementar la presencia policial mediante un aumento “de
la vigilancia a pie y motorizada, tanto a cargo de agentes uniformados
como de paisano, intensificando además la coordinación policial” y, (2) por otro, revitalizar el “barrio
mediante iniciativas que no sólo deben incluir medidas para la
rehabilitación arquitectónica, sino también para la mejora de la integración social y la dinamización económica”[2].
Esto, en definitiva, quiere decir que la
Sra. Cifuentes busca aumentar el control social de la población de
Lavapiés, un barrio en el que, según ella, “en este momento la
Policía tiene ‘dificultades’ para ‘intervenir’ como consecuencia de la
‘actuación de determinadas personas que se autodenominan brigadas
vecinales’ y que ‘en ocasiones’ lo que hacen ‘es impedir la propia
actuación de la Policía frente a los delincuentes habituales que puede
haber en el barrio’”[3]. En otras palabras, pretende incrementar
el conjunto de prácticas destinadas a mantener el orden establecido en
la sociedad a través de las instituciones, leyes, los medios de
represión y el control espacial.

Control social basado en relaciones espaciales: el control social urbano
Por control espacial entendemos
el conjunto de prácticas y saberes destinados a implementar medidas de
control social en el plano físico, es decir, sobre el territorio. El fin
último de estas técnicas no es otro que el de disciplinar los cuerpos
por medio de las configuraciones espaciales y territoriales. De esta
manera, y por medio de las diferentes formas en que se puede articular
cualquier entramado espacial, se pretende (re)conducir los
comportamientos, actitudes, actividades y relaciones interpersonales de
una población dada (Lavapiés, un céntrico barrio de Madrid) hacia
determinados fines u objetivos considerados deseables por la
Administración y los agentes ordenadores del territorio.
En las ciudades, últimamente asistimos a lo que se denomina polarización espacial:
el espacio no es solo un medio de control, sino también un recurso
para la economía capitalista y financiera para generar valor económico.
Por ello, es fundamental para la Administración del territorio
controlar el espacio si quiere generar valor económico.
¿Y cómo se hace esto? Pues en primer
lugar, generando miedo entre la población. Es necesario infundir el
temor y que cunda el pánico para que los/as habitantes de una zona,
atemorizados/as, no vean otra salida que la de recurrir a un gobierno
(local, comunitario o nacional) que, de forma paternalista y protectora,
acude en su defensa. Las declaraciones de la Delegada de Gobierno,
cuando afirma que en Lavapiés existen “delincuentes habituales que hacen imposible la convivencia entre los vecinos” y que determinados espacios son un nido de antisistema “muy radicales”
y peligrosos, van en esa línea. Esta táctica se ve reforzada por la
labor de los medios de comunicación que escriben noticias acerca de la
pésima situación que atraviesa el barrio y la insoportable tensión que
se vive en él[4].
No es que esta tensión no exista. En
parte, está allí, presente y latente, si bien a menudo es exagerada por
los medios. Sin embargo, lo que no se dice nunca es que esta tensión ha
sido en gran parte inducida y promovida por la policía, con
actuaciones como la de disparar dos tiros al aire en la calle Amparo a
finales de mayo de este año[5] o las más que conocidas redadas a
habitantes del barrio en función del color de su piel[6]. Esto viene
acompañado de una notable disminución de la inversión pública en asuntos
sociales o recortes sociales importantes[7], la cual es inversamente
proporcional al gasto en seguridad, al sentimiento de riesgo percibido y
al desarrollo de tecnologías de seguridad.
Estos fenómenos, finalmente, están terminando por generar un verdadero apartheid espacial.

Tras implantar el miedo en la población y,
como consecuencia, incrementar la presencia y el poder policial en los
barrios llamados “conflictivos” (o “barrios de supresión”)[8], el
siguiente paso a dar es el de expulsar de estas zonas a sus habitantes
considerados/as de tercera. Si el gobierno quiere disponer de esos
espacios para generar riqueza en ellos, no pueden estar a la vista del
público general – entendiendo por “el público” los/as consumidores/as
del producto final que se está elaborando – colectivos de personas
marginales y “poco agradables” para el resto de la población. Por ello,
lo que procede ahora es expulsarles, alejarles de esa zona que se
quiere “rehabilitar” y “revitalizar” e impedir que estén a la vista de
la gente “normal”, es decir, de las clases media y alta.
Así, se pretende echar de Lavapiés a
inmigrantes africanos/as y asiáticos/as, sintechos, drogodependientes,
etc. y mandarles a los verdaderos guetos, los “barrios de contención”,
concebidos para mantener en cuarentena problemas sociales que comportan
riesgos tanto para el espacio como para la producción. Esto lleva a la
exclusión de parias del espacio público y se cumple en el espacio el
concepto de racismo del Estado: los habitantes de los barrios
de contención no existen, están fuera de la comunidad. A este proceso de
expulsión o desplazamiento de los habitantes de una zona a otra para
facilitar el acceso de los más ricos se le denomina desde los años
sesenta gentrificación (del inglés gentry, burgués, aburguesamiento o elitización).
Es importante subrayar que el proceso de
exclusión de los “barrios de contención” es llevado a cabo no sólo a
través del espacio, sino también de la proyección de las fantasías de
las clases superiores hacia las clases peligrosas: cualquier mapa de
cualquier ciudad debe reconocer la existencia de zonas oscuras, donde el
imaginario social descarga sus fantasías. En Madrid esas zonas oscuras
son las Barranquillas, la Cañada Real Galiana[9], Valdemingómez, etc.
Para expulsar a los “indeseables” de sus
antiguos barrios se pueden usar múltiples tácticas: desde los
desahucios (de los cuales se llevan a cabo hasta 159 al día[10]), hasta
el acoso policial a drogodependientes, que eventualmente acudirán a
otras zonas a comprar su próxima dosis[11]. También se llevan a cabo
otras estrategias más sutiles, consistentes en dejar que sea el propio
mercado quien lleve a cabo la expulsión mediante la elitización del
barrio.
Finalmente, debido a este proceso, la metrópoli
se transforma en un espacio constituido por diferentes miniciudades,
donde un pequeño grupo de privilegiados goza del espacio y de los
recursos comunes. El centro se convierte exclusivamente en un espacio de
trabajo y de ocio-consumo, no en un lugar en el que estar, en el que
vivir, en el que pasar el tiempo en la calle sin consumir.
Un ejemplo de esto último, en el que se
puede apreciar cómo los espacios se reconfiguran en función de políticas
públicas (que se implementan de acuerdo con paradigmas dominantes), es
el de la ausencia de bancos – en los que sentarse – en las plazas
nuevas que se construyen, como es el caso de la Puerta del Sol después
de la faraónica obra de Gallardón en 2010[12]. ¿Qué interés tienen
los/as nuevos/as arquitectos/as urbanísticos en eliminar los bancos de
las ciudades? De esta manera desincentivan la reunión de personas en la
vía pública (vecinos/as que se quejan de problemas comunes, chavales
haciendo botellón, etc.) y quien se quiera reunir con sus amigos lo
tendrá que hacer en una cafetería o un bar, comprando algo, puesto que
no tendrá espacio para hacerlo en la calle. Además no pueden pasar la
noche allí los/as sintecho, que se ven obligados a trasladarse a los
barrios de extrarradio, en zonas marginadas lejos de la vista de las
clases media y alta. Con esto y sin aglomeraciones de personas en la
calle, la imagen de la ciudad se ve reforzada ya que, a los ojos de los
turistas y de los/as consumidores/as madrileños/as, Madrid parece una
ciudad cosmopolita, moderna y limpia, donde la gente no se reúne en las
plazas y ensucia, sino que lo hace en cafeterías mientras consume. Los
paradigmas dominantes son obvios: resulta preferible que nos limiten
los bienes públicos y comunes (los bancos) en aras de proteger la
estética de la ciudad, su imagen (sofisticada), la tranquilidad, el
consumo y el comercio.
Una vez que la calle se convierte
únicamente en un lugar de tránsito (de tu casa al trabajo y del trabajo
al local de consumo de turno y de ahí de vuelta a casa) y no en un
lugar en el que compartir experiencias con tus vecinos y amigos, el
comercio de la zona se ve potenciado y, con ello, aumentan sus precios.
Los precios de los alquileres subirán, así como el de los productos
que se venden en sus comercios (que cada vez se dedican en menor medida
a la venta de productos de primera necesidad e invierten en otros más
caros e innecesarios). Finalmente, el sector más empobrecido del barrio
terminará por emigrar, culminándose con él el proceso de
gentrificación comenzado.
Concluyendo
En conclusión, consideramos que la
intención de la Delegación de Gobierno es bien clara: Lavapiés es de los
últimos barrios céntricos que faltan por modernizar y reestructurar.
Pretenden acabar con la interacción de los vecinos en la calle para
favorecer el comercio y el consumo. Para ello, se torna necesario
eliminar de la vista pública a los sectores más desfavorecidos de
nuestro barrio, que sufrirán en sus carnes el intenso control policial y
la represión (en forma de sanciones, desahucios, detenciones,
enjuiciamientos, encierro o expulsión del territorio nacional). De igual
manera, los edificios en peor estado del barrio serán expropiados y
derribados, siendo sustituidos por viviendas nuevas que, si bien serán
más deseables que las infraviviendas que existen en la zona, también
serán muchísimas más caras y se construirán con el enriquecimiento de
grandes especuladores.
Convirtiéndose el barrio en un centro de
consumo mayor que el que ya es, sus comercios se sofisticarán y
modernizarán y con ello aumentarán los precios de las viviendas y los
productos que se venden en el barrio.
Un barrio transformado, irreconocible, es lo que nos espera si no hacemos algo para pararlo.
Para más información acerca de otros
procesos similares en Madrid, véase un estudio realizado por el
Observatorio Metropolitano titulado “Gentrificación y Reestructuración
del Espacio Social en Madrid”[13].
[1] Extraído de Europa Press, 18 de junio de 2012:
http://www.europapress.es/madrid/noticia-delegacion-gobierno-ultima-plan-mejorar-seguridad-convivencia-lavapies-20120618134310.html
[2] Europa Press, 18 de junio.
[3] Europa Press, 18 de junio.
[4] Véase
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/03/24/madrid/1332620862_892703.html o
http://www.abc.es/20120528/local-madrid/abci-policia-inmigrantes-lavapies-201205282118.html
[5] Véase la noticia “Lavapiés grita: ¡fuera pistoleros de nuestro barrio!”, publicado en Todo Por Hacer nº 18 (julio 2012), www.todoporhacer.org
[6] Véase http://brigadasvecinales.org/quienes-somos/%C2%BFque-denunciamos/
[7] Véase
http://www.todoporhacer.org/nueva-reforma-sanitaria-aumento-del-coste-para-nuestros-bolsillos-y-racismo-de-traje-y-corbata,
http://www.todoporhacer.org/carta-abierta-a-losas-trabajadoresas-de-metro,
http://www.todoporhacer.org/cabronesas,
http://www.todoporhacer.org/una-nueva-subida-de-tarifas-en-el-transporte-publico-madrileno,
http://www.todoporhacer.org/%C2%BFvivimos-en-tiempos-de-copago y
http://www.todoporhacer.org/ano-nuevo-vida-austera, por citar algunos de
los ejemplos más recientes del último año.
[8] El poder policial se vio aumentado, por ejemplo, en el año 2009,
cuando el Ayuntamiento instaló 48 cámaras de seguridad en el barrio de
Lavapiés. Véase
http://www.madrid.es/portal/site/munimadrid/menuitem.650ba10afbb0b0aa7d245f019fc08a0c/?vgnextchannel=6091317d3d2a7010VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD&vgnextoid=4149308e7bc71210VgnVCM1000000b205a0aRCRD,
http://unbarriofeliz.wordpress.com/about/ y
http://madrid.cnt.es/no_a_la_videovigilancia/
[9] “La Cañada Real Galiana, un barrio por construir”, publicado por el CAES: http://www.caesasociacion.org/
[10]
http://www.publico.es/espana/435463/cada-dia-se-ejecutan-hasta-159-desahucios-en-espana
y
http://www.publico.es/dinero/341928/los-desahucios-amargan-a-200-000-familias
[11] No en vano, la Sra. Cifuentes hizo una especial mención sobre la
intención de acabar con las cundas o taxis de la droga que parten
desde la glorieta de Embajadores a través del incremento de la presión
policial. Este plan, lejos de erradicar la droga y acabar con este
problema, tan sólo lo desplazará más hacia el sur, lejos del centro. Es
decir, terminará por recaer en Legazpi o Usera.
[12] “Las Plazas no están para Sentarse”, publicado en El País: http://www.elpais.com/articulo/madrid/plazas/estan/sentarse/elpepiespmad/20100418elpmad_1/Tes
[13]
http://www.observatoriometropolitano.org/wp-content/uploads-observatorio/2011/03/GENTRIFICACI%C3%93N-Y-REESTRUCTURACI%C3%93N-DEL-ESPACIO-SOCIAL-EN-MADRID.pdf
FUENTE: http://www.todoporhacer.org/presencia-policial-y-planificacion-urbanistica-las-nuevas-herramientas-de-control-social-al-servicio-del-poder-lavapies
Las monedas sociales
Una herramienta de intercambios no capitalistas- Extraido de aquí: http://www.nodo50.org/tortuga/Las-monedas-sociales
Las monedas sociales son un vehículo de trueque multirrecíproco para intercambiar productos y servicios.
Diagonal
Didac Sánchez-Costa (Ecoxarxa Montseny i Anoia)
El 15M abrió nuevas puertas en el
imaginario colectivo y en las formas de entender la política y la
economía. Pero, además de exigir cambios a la economía hegemónica
actual, ¿cuál debería ser la economía del 15M? En las plazas se habló de
los bancos de tiempo, de la banca ética, las redes de intercambio, o de
una economía más utópica, sin dinero. También pensamos formas de
economía colectivizada y de donación. Las Monedas Sociales y los modelos
de ecoxarxes (eco redes) desarrollados en Cataluña desde 2009 mejoran y
sistematizan algunas de estas propuestas.
La moneda social, también llamada local,
alternativa o complementaria, es una herramienta que nos permite
registrar los intercambios en una región para crear con ellos un sistema
económico alternativo permanente, y prescindir gradualmente del euro.
Pueden construirla, sin que para ello sea necesario ganar previamente
una revolución y desde el día a día de una población rural o un barrio,
individuos de todas las edades y colores. Posibilita, además,
aprendizajes necesarios para crear un mundo mejor, como la cooperación,
la confianza o el despertar de nuestros talentos.
Este tipo de monedas crean un nuevo
eslabón económico a escala humana y biorregional, una construcción
paralela a la que se está llevando a cabo en las plazas. Si las
asambleas ciudadanas constituyen nuevosmecanismos políticos de
democracia directa, las redes de intercambio conmoneda social
sonespacios de democracia directa en lo económico. No son la única
respuesta, ni la más importante, pero sin ellas difícilmente podremos
lograr cambios sustanciales, al estar trabajando con el euro, una
herramienta básica del mundo que queremos cambiar.
Una de las dudas más frecuentes es si no
se está volviendo a hacer lo mismo que con otras monedas. La respuesta
es claramente no: la moneda social es muy diferente al dinero que
conocemos pues no tiene intereses, se emite localmente, y se crea en
cada nueva transacción. No es escasa, no sirve de nada acumular ya que
no hay intereses, y no tiene ningún sentido prestarla porque se puede
acceder a ella fácilmente.
MERCADO AGROECOLÓGICO. Las monedas sociales sirven de nexo entre experiencias de economía solidaria. EDEU LEÓN
¿Cómo se crea y cómo funciona esta moneda?
Todos comenzamos con cero ecos. Al hacer
un intercambio, quien recibe el producto o servicio contrae una deuda,
que puede saldar con cualquier otro usuario de la red. En esto consiste
el trueque multirrecíproco, distinto del trueque directo o clásico
antiguo.
Si yo recibo una clase de yoga, por ejemplo, quienme la ofrece cobra 10
ecos, y mi cuenta baja a -10 ecos. En ese momento estamos creando diez
nuevas unidades monetarias en el sistema. Si alguien acumula moneda
social, al no haber intereses, no gana nada, y deja de percibir bienes y
servicios a cambio de los que ya ha ofrecido. Quienes necesitan moneda
social no pueden endeudarse como ocurre con los euros: basta con que
ofrezcan cualquier bien o servicio a la red para poder participar en los
intercambios. Las transacciones se registran en una herramienta virtual
de origen sudafricano, el Community Exchange System (CES), que es
transparente para todos los participantes en la red.
Los consumidores también pueden comprar
ecos con euros; con este cambio demoneda, obtienen ecos (en proporción
uno a uno) con los que pueden adquirir productos y servicios de la red, y
la red recibe euros, que destina a la compra de productos que aún no se
consiguen con moneda social. Cuando esos ecos vuelven a la ecoxarxa se
eliminan, ya que no es emisión de moneda sino sólo un cambio.
Las monedas sociales son la pieza que podría servir de nexo entre las experiencias de economía social.
Pensar que puede convertirse en una
moneda como el euro es como pensar que la agroecología pueda convertirse
en una corporación como Monsanto, o el software libre en Microsoft. Es
imposible, ya que parten de presupuestos opuestos e irreconciliables.
Además, es una herramienta necesaria para un proceso de transición del
mundo en el que hoy vivimos hacia sociedades utópicas en las que no haya
registro monetario.
¿Qué ventajas tiene una moneda social?
Estas monedas generan impactos positivos
en la región en que se usan en muchos niveles distintos: se facilita
una mayor proximidad entre los vecinos, se redescubren talentos y
riquezas locales, se recuperan los tejidos sociales y formas ancestrales
de autoayuda, aumenta la capacidad adquisitiva de las familias, y
surgen nuevas oportunidades laborales cooperativas.
Nos permiten entender de una manera
simple, pacífica y concreta, que el dinero puede ser ampliamente
redefinido. Y así, desde la simplicidad, la ecología, la relocalización
económica y la cooperación, se desenmascara y se construye una
alternativa a una de las mayores formas de opresión jamás inventada: el
dinero corporativo y con intereses, partícula fundamental, y a la vez
profundamente desconocida, de nuestras sociedades.
Las monedas sociales, en cambio, son la
pieza que podría servir de nexo entre las experiencias de economía
social –cooperativas de trabajo y de consumo, redes de consumo
responsable, centros culturales alternativos, institutos ecológicos,
ecoaldeas, etc.– permitiendo que trabajen de una manera mucho más
coordinada y eficiente entre sí. Construyendo lo que algunos autores
denominan mercado social, pasando de una iniciativa local a una
propuesta sistémica.
Abren, así, un nuevo espacio de
experimentación social colectiva muy amplio, en un terreno poco
explorado aún, con muchas similitudes con el software libre, creando de
forma gradual propuestas lo suficientemente consolidadas como para que
se puedan plantear como modelos alternativos, construidos por
activistas, pero no sólo para activistas. Hoy, cuando la economía
capitalista se colapsa, y cuando en las calles hay un claro clamor por
un cambio profundo, imaginar un nuevo dinero y una nueva economía es
posible y urgente.
ALGUNOS DATOS PARA ENTENDER LAS MONEDAS SOCIALES
Historia de las monedas sociales
Las monedas sociales han surgido siempre
en momentos de crisis del capitalismo, como sucedió en los años ‘20 y
‘30 en Alemania y Estados Unidos. Las redes de intercambio modernas
comenzaron en los años 80 en Vancouver, Canadá, con los Local Exchange
Trade Systems (LETS). Todos los usuarios comienzan en una cuenta con
cero, y se suma o se resta moneda social en función de los intercambios.
Más tarde comenzó el modelo de las “Ithaca Hours”, con un billete
físico, que se extendió rápidamente por toda América Latina,
especialmente en Argentina. En Europa, además de las ecoxarxes
catalanas, hemos visto aparecer las Regio en Alemania, y muchas monedas
en las llamadas “transition towns” o ciudades de transición.
El modelo de las ecoxarxes
Desde que en enero del 2009 comenzó la
Ecoxarxa del Montseny cerca de Barcelona, este modelo de redes de
trueque se ha extendido por Catalunya, y encontramos ya 15 redes que
trabajan conjuntamente -desde su autonomía biorregional- con la
Cooperativa Integral Catalana. La mayor innovación de este modelo es que
pone en común una red de trueque con moneda social que sigue diversos
modelos distintos, con una cooperativa de consumo. Al aceptar el uso
parcial de euros, se pueden comprar bienes básicos a productores. De
este modo se puede resolver colectivamente la economía familiar y
depender menos del capitalismo de manera gradual.
Diferencias con los bancos de tiempo
En muchas plazas se habló de crear
bancos de tiempo. Es una opción, pero las monedas sociales suponen, con
el mismo esfuerzo, una construcción mucho más profunda, amplia y
coherente con los principios del 15M. En muchos casos, como en
Barcelona, los bancos de tiempo son apoyados por las administraciones
publicas, porque por un lado reducen los costes de gastos públicos en
atención ciudadana, y por el otro vehiculan el descontento iudadano
hacia el euro por una senda menos radical que la creación de una oneda
del pueblo.
Parados dos desahucios en Terrasa: https://www.facebook.com/
notes/terrassa-respon/
Detenido un hombre por proferir insultos contra la monarquía:
http://www.publico.es/espana/428831/detenido-un-hombre-por-insultar-a-la-familia-real-con-un-megafono-en-almeria
Blog con muchos años de recorrido que trata temas como el ecologismo, decrecimiento, autogestión y otros mas variados. Creo que es dificil no encontrar algo que nos interese: http://www.elblogalternativo.com/2012/03/29/%C2%A1rebelaos-descubre-como-podemos-autogestionar-nuestras-vidas/